Flowtec 30 años

Talleres propios y personal altamente calificado.

Una historia de ingeniería, visión y trabajo

Talleres propios y personal altamente calificado.

Una historia de ingeniería, visión y trabajo

Cuando el Ing. Nicolás Sorianello recuerda los inicios de Flowtec, no empieza en 1995 —año de su fundación formal junto a su esposa y socia, Silvia Racanelli—, sino mucho antes: en el momento en que descubrió que su vocación era hacer cosas que funcionen. Su formación como ingeniero electromecánico en la Universidad de Buenos Aires se vería complementada por una experiencia decisiva: un viaje de formación en los años 80 a Milán, donde trabajó en la industria del cuero. Allí conoció de primera mano los sistemas de control y automatización de procesos industriales, experiencia que marcaría profundamente su camino.

Esa experiencia fue clave para identificar una oportunidad: mientras en Europa ya existían sistemas avanzados para la dosificación de polvos, en Argentina no había ningún desarrollo local. Esa observación técnica, sumada al contexto económico adverso de los años 80, sentó las bases de un proyecto a largo plazo.

1985 -

El primer dosificador

Un momento clave en la historia de Flowtec es el año 1985. Nicolás trabajaba en un pequeño taller en el fondo de su casa y desarrollaba piezas de repuesto para bombas dosificadoras de líquidos. Pero lo que realmente lo motivaba era el problema no resuelto: ¿cómo dosificar de manera precisa materiales en polvo? Así nació su primer dosificador, instalado en una aceitera (Genaro García). El desafío era grande, ya que recibió el encargo de dosificar una tierra de blanqueo sumamente difícil de manejar. El principio que se aplicó para diseñar ese equipo primigenio fué el mismo utilizado en todos los diseños venideros. En palabras de Nicolás:

“No copié el diseño de equipos existentes: entendí, y después construí.”

Así nació el primer dosificador de polvo desarrollado por Sorianello. A eso se sumaban demandas emergentes, como la necesidad de dosificar cal y sulfato de aluminio en plantas de tratamiento de agua, lo que permitió un primer crecimiento del emprendimiento.

Pero este primer impulso se vería afectado por la situación económica adversa de finales de los años 80. En 1989, durante la hiperinflación, Sorianello adoptó una frase que lo acompañaría toda la vida y que sintetiza su espíritu:

“Si no podés ir para adelante, andá para arriba. Cuando no hay trabajo,
hay que formarse, mejorar, prepararse”

Ese año, asistió a la Asociación Electrotécnica Argentina (AEA), donde accedió a cursos gratuitos sobre los primeros PLC llegados desde Japón, una tecnología clave que aplicó al desarrollo de soluciones automatizadas. Fue allí donde surgió un contacto clave: un ingeniero le propuso desarrollar un sistema automático para la preparación de recetas de helado para La Montevideana. La confidencialidad de la fórmula requería automatización segura. El control automático no solo permitía eficiencia, sino también preservar el secreto industrial: un concepto que, en los años 90, era novedoso. Así comenzó a trabajar con controladores lógicos programables, abriendo un nuevo camino.

1995 -

El nacimiento de Flowtec

Con experiencia acumulada, varios equipos instalados y una clara visión tecnológica, en 1995 se funda Flowtec. Nicolás no lo hace solo: lo acompaña Silvia Racanelli, quien asumió como gerenta administrativa y cofundadora, quien desarrolló un sistema de gestión y administración que aportó solidez y estructura al crecimiento de la empresa. La unión entre una ingeniería de excelencia y una administración rigurosa marcó el ADN de Flowtec.

En esos primeros años, Nicolás destaca especialmente la colaboración de su amigo Luis García Rabell. Fue él quien, con oficio y dedicación, se encargó del dibujo técnico y el desarrollo de los planos como proyectista, acompañando cada paso de los primeros diseños. Pero además, fue Luis quien propuso el nombre con el que la empresa sería conocida desde entonces: Flowtec. Su aporte fundamental, formó parte del núcleo que dio forma y sentido a los inicios del proyecto.

Flowtec nació como una empresa familiar muy pequeña, construida sobre el esfuerzo compartido, la confianza mutua y una apuesta firme por la ingeniería nacional.

A partir de entonces, llegaron múltiples obras, adquisición de maquinaria, desarrollo de tecnología propia y un crecimiento sostenido. Uno de los hitos fue el primer dosificador gravimétrico, a fines de los 90, luego de años de trabajo con balanzas y el estudio de las primeras strain gages (predecesoras de las celdas de carga actuales).

Se sumaron más proyectos, nuevas obras, personal técnico, maquinaria. A lo largo de los años, Flowtec desarrolló equipos y sistemas para múltiples industrias: agua, alimentos, tratamiento de efluentes, químicos, minería.
Un caso relevante es el de Dos Anclas en el año 2004. Flowtec diseñó el primer sistema automático de múltiples dosificadores trabajando en paralelo, alimentando mezcladores de paletas horizontales. Fue un avance importante: ya no se trataba solo de manejar polvos individuales, sino de integrarlos en sistemas complejos, robustos y precisos. Fue uno de los primeros desarrollos de ese tipo en el país.

En el año 2005 se adquiere un taller industrial propio en Villa Martelli, Provincia de Buenos Aires. El proyecto se realizó como respuesta a la demanda sostenida, confirmando la solidez de la propuesta y con la visión de posicionar a Flowtec como una solución de excelencia para sus clientes.
Una constante a través de los años fue la incorporación de tecnología. Tanto en la fabricación (corte láser, equipos de soldadura avanzados, plegadoras, centro de ensayo de polvos, etc.), como en los equipos fabricados: sistemas gravimétricos, preparadores automáticos de recetas, fraccionadoras de precisión, mezcladores y preparadores automáticos de polímeros. Siempre con el mismo criterio que impulsó el primer dosificador: entender primero. Diseñar desde cero. No copiar.

De construir

a fabricar

En los últimos años, Flowtec dio un paso estratégico: pasar de construir soluciones a medida, a fabricar equipos propios con una amplia gama de aplicaciones. La diferencia no es menor. Fabricar significa estandarizar, mejorar la calidad, escalar, competir con los mejores. Hoy, las líneas de mezcladores y preparadores de polímeros desarrolladas por Flowtec se miden con productos internacionales. La calidad sanitaria de sus equipos permite su uso en industrias como la láctea, alimentaria y azucarera.

Este paso no habría sido posible sin una decisión clave: mantener y cuidar al equipo humano. En Flowtec, la gente no solo realiza su trabajo: comparte una visión. Muchos colaboradores superan los 20 años dentro de la empresa. Son manos expertas, pero también ojos atentos a los detalles. Son parte de una cultura que no se limita a fabricar maquinaria, sino a aportar soluciones que funcionen, con compromiso y conocimiento profundo.

La segunda generación y el futuro

Treinta años después, Flowtec sigue siendo una empresa familiar. Pero no es la misma que en 1995. Hoy forma parte de su gerencia una segunda generación que creció junto al proyecto y que mantiene intactos los valores originales: ética, ingenio, compromiso, excelencia.

La empresa se consolidó como un referente en soluciones integrales para dosificación, automatización y mezcla, compitiendo en calidad e innovación con los principales fabricantes del mundo.

Cuando se le pregunta por qué eligió este camino, el Ing. Nicolás Sorianello responde con la simpleza de quien ha hecho de su oficio una vocación de vida:

“Primero, porque no sé hacer otra cosa. Y segundo, porque me fascina hacer cosas que funcionen. Desde chico, eso me conmueve.”

Así nació Flowtec, y así sigue creciendo: con ingeniería, visión, valores y esa frase que hoy es más que un lema, es una filosofía de vida y de empresa: “Hacer cosas que funcionen”

Con esa mezcla de pasión, conocimiento y resiliencia, se construyó Flowtec: una empresa que cumple 30 años, pero cuya historia se empezó a escribir mucho antes.